Temas políticos que reclaman soluciones políticas puja distributiva y diálogo social - Noticias

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(Por Mario Alderete)

Es mucho lo que aún debemos andar para erradicar definitivamente la desigualdad social existente, que es donde reside la justificación de las medidas de lucha.


Desde hace varios días, los grupos monopólicos de la información “baten el parche” por los niveles que alcanza la puja distributiva en los marcos de las discusiones paritarias, tratando de crear en el imaginario popular la idea de que hay una peligrosa tensión que daña la paz social y por lo tanto, corresponde que los trabajadores moderen sus reclamos para encarar la concreción del diálogo capaz de imponer la conciliación entre los sectores en pugna.

Al respecto, convendría recordar: 1) que las paritarias están para discutir todo lo concerniente al convenio que rige la rama de actividad, en primer lugar el salario, que pierde constantemente poder adquisitivo debido al aumento generalizado de los precios, particularmente de aquellos que componen la canasta familiar; 2) que las discusiones y los tironeos demoran de dos a tres meses y si al cabo de ese lapso no hay acuerdo, se programan las acciones tratando de materializar el reclamo luego del paréntesis impuesto por la conciliación obligatoria. Vale decir, que una lucha, cuando se produce, no es espontánea ni caprichosa, 3) no se puede exigir que todos los gremios soliciten la misma cantidad o porcentaje de aumentos, poniendo por anticipado un “techo” al reclamo debido a la gran dispersión existente en los montos salariales actuales, de lo cual no son responsables los trabajadores.

Por ejemplo, los sueldos promedio varían entre 15.000 pesos que ganan los petroleros y los 2.100 que ganan los obreros rurales, pasando por mineros con 11.300, electricidad 6.700, bancarios con 6.100, metalúrgicos con 4.400, Alimentación 4.200, Comercio 2.900, Construcción 2.700 y gastronómicos 2.200 (Fuente Ministerio de Trabajo).

Se debe tener en cuenta que las grandes empresas, tanto industriales como comerciales, bancarias, agropecuarias y de servicios han obtenido elevadas ganancias, en tanto la pequeña y mediana empresa no es beneficiada con el otorgamiento de créditos blandos lo que le permitiría hacer frente a las exigencias laborales evitando ser objeto de un mayor proceso de concentración monopólica.

Esta situación se agrava porque no se establece previo al inicio del período de discusión en paritaria, el monto del salario básico suficiente para enfrentar el costo total de la canasta familiar, a partir del cual ningún convenio debería estar por debajo. Y esto ocurre porque no es convocado a su debido tiempo el Consejo del Salario Vital, Mínimo y Móvil que es el organismo tripartito llamado a determinar ese monto conforme lo ordena el art.14 bis de la Constitución Nacional.

Otro tema que cada vez más enrarece las discusiones es la permanencia del impuesto a las ganancias cuyo monto no se actualiza y que afectan a los salarios, habida cuenta que cerca de 1,5 millones de trabajadores en la actualidad se ven perjudicados por ese gravamen cuando superan los 4.800 pesos mensuales, mientras que otros sectores sociales, especialmente financieros, pooles de siembra y exportadores no aportan o eluden o se benefician con exenciones.

Además, los gremios tratan hoy de discutir y terminar con el salario en negro, llamado sutilmente “no remunerativo”, los contratos basura, tercerizaciones y demás conceptos violadores de la ley, acabando con la flexibilización laboral cuyas consecuencias se prolongan hasta la actualidad, inclusive en sus peores formas: el trabajo esclavo, infantil y de superexplotación femenina.

Y la verdad es que no siempre los trabajadores logran hacer realidad sus demandas, a tal punto que la transferencia de ingresos que se ha operado a partir de los años de la dictadura militar desde los sectores del trabajo hacia los capitalistas haciendo desigual la distribución de la renta nacional, si bien ha mejorado en los últimos años, todavía la parte del león se la apropian los grupos económicos altamente concentrados.

También es verdad que en algunas ocasiones, particularmente en períodos electorales algunos dirigentes pretenden utilizar los conflictos en pos de satisfacer ambiciones personales. Esta práctica deleznable ha sido casi siempre patrimonio de dirigentes enrolados en el PJ que forman parte del gremialismo empresarial y corporativo, tal como ocurrió recientemente en el conflicto petrolero de la zona Sur del país donde, por una cuestión interna, se enfrentaron dirigentes poniendo en peligro la distribución de combustible y sobre todo, al desnaturalizar el conflicto, dando argumentos a la derecha que se empeña en desmerecer la lucha de los trabajadores. Igualmente, algunas tácticas de carácter extorsivo, que no compartimos aunque el reclamo sea justo, son aprovechadas para crear un sentido común que azuza la división del campo popular contribuyendo a la invisibilidad del verdadero enemigo.

Nosotros siempre hemos considerado justa la lucha de los trabajadores a la vez que, con independencia de criterio, hemos sabido reconocer, como lo hacemos ahora, los avances que se han logrado desde la salida de la crisis. Pero, tal como lo sostiene la CTA, es mucho lo que aún debemos andar para erradicar definitivamente la desigualdad social existente que es donde reside la justificación de las medidas de lucha. Afirmamos que se deben modificar las estructuras que facilitan la concentración económica e instalar un nuevo modelo productivo al servicio de los intereses populares. Por eso sostenemos con vigor la propuesta de radicalizar las medidas de gobierno a fin de hacer realidad la tan mentada distribución de la riqueza.

Somos partidarios del llamado diálogo social para encontrar soluciones y no para postergar justos reclamos como ocurrió innumerables veces en nuestra historia con el “pacto social” sostén de la llamada “comunidad organizada” cuya base residía en la conciliación de clases y cuyos principales tributarios fueron siempre las clases dominantes.

A ese fin sirvió el modelo sindical cegetista estructurado en forma vertical, sin independencia de clase y con una concepción corporativa. Es lo que ha criticado recientemente la Presidenta con sobradas razones, pero es el modelo sindical que fue consolidado por sucesivos gobiernos y que goza de reconocimiento oficial a pesar de la Resolución nº 87 de la OIT acerca la libertad sindical, cuya observancia permitiría, entre otras cosas, que la CTA y mas de mil sindicatos no reconocidos obtuvieran su personería.

En definitiva, la cuestión que nos ocupa no es de carácter económico, sino profundamente político y por lo tanto reclama soluciones políticas, sin las cuales no habrá satisfacción social. El problema es que el llamado “modelo” toca techo y requiere para continuar avanzando, de medidas que afecten al monopolio y las multinacionales.

A medida que más se avance en la distribución de la inmensa riqueza que producen los trabajadores y en la liquidación de formas de trabajo pensadas por el capital unicamente con la finalidad de defender e incrementar su tasa de ganancias, seguiremos avanzando en la profundización del proceso que nos permita derrotar definitivamente a la derecha nacional e internacional agazapada a la espera de dar su zarpazo restaurador del mas puro cuño neoliberal.

Publicada el 19/05/2011
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