Desocupación y empleo en negro - Noticias

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La Encuesta Anual de Hogares Urbanos, correspondiente al tercer trimestre de 2010 elaborada por el Indec, muestra la persistencia de dos aspectos negativos que golpean seriamente a sectores del trabajo.

Por Mario Alderete

Es conocido y comprobable el importante crecimiento de puestos de trabajo que se registró en el país luego de superada la profunda crisis por la que atravesamos durante 2001-2002. El curso impuesto a la economía, desde una determinada visión política que privilegió el fortalecimiento del consumo, la reindustrialización vía sustitución de importaciones y el crecimiento de los superávits fiscal y comercial por la potenciación de las exportaciones agroindustriales y las retenciones, repercutió positivamente en el mercado laboral elevando el nivel de ocupación a través de la generación de nuevos empleos. Empero, la reciente Encuesta Anual de Hogares Urbanos, correspondiente al tercer trimestre de 2010 elaborada por el Indec, muestra la persistencia de dos aspectos negativos que golpean seriamente a sectores del trabajo. A saber: desocupación y empleo en “negro”.

Estas dos variables tuvieron un destacado aumento durante la década del 90, máxima expresión del neoliberalismo, a través del impulso a la liquidación de fuentes de ocupación, cierre de empresas, “contratos basura”, flexibilización, tercerización, polifunción, etc., todo lo cual se proyectó hasta el 2002. A esta altura vale la pena recordar qué significa para un trabajador figurar “en negro”: no cobrar aguinaldo, no gozar de vacaciones, no contar con cobertura de obra social, ni seguro por accidente de trabajo, ni tampoco tener derecho a aspirar a cobrar una pensión o una jubilación. Por si fuera poco, los que trabajan en esas condiciones, hoy en nuestro país cobran un 30% menos con respecto al salario de un trabajador formal. Con la adopción de un rumbo económico que contrariaba a las tradicionales recetas ortodoxas fondomonetaristas de enfriamiento de la economía y bajo consumo para superar la crisis, el no registro laboral y la desocupación fueron decreciendo, pero sin perforar los guarismos que regían antes de 1995. Esto indicaría que, para seguir avanzando en un mismo rumbo resulta preciso destruir a las estructuras de matriz neoliberal, ya que su persistencia en el tiempo muestra, tal como lo señala la Encuesta Anual de Hogares Urbanos, que el trabajo en negro llega al 37,8 %, es decir, 2 puntos más que en el relevamiento anterior debido también a que en esta oportunidad el censo abarcó a ciudades del interior más pequeñas que es donde la informalidad laboral es mayor que en las de concentración.

Sin embargo, en el Gran Buenos Aires la encuesta (que fue realizada por el INDEC y no por estudios privados que siempre dan estadísticas de alarma) indica que la informalidad llega al 35.5% entre los varones y al 41% entre las mujeres, que a la postre siguen soportando con mayor rigor el trabajo en “negro”. Igual que en la ciudad de Buenos Aires, donde los índices llegan al 21,2% entre los varones y al 29,9% entre las mujeres.

En cuanto al desempleo, la Encuesta muestra los siguientes guarismos: 1.206.800 desocupados, de los cuales 631.600 son varones y 575.200 mujeres. Otro dato a tener en cuenta es que de ese total de desempleo femenino, más de la mitad, 312.400, tienen menos de 29 años, segmento éste muy golpeado tal como lo evidencia el estudio, ya que la desocupación en ese sector duplica el promedio nacional y alcanza un total de 16,9%.

En total, la población ocupada en relación de dependencia, cuentapropistas o patrones, suma 15.146.100, de los cuales 8.989.400 son varones y 6.156.800 mujeres, todo según la encuesta referida al tercer trimestre de 2010.

De los datos obtenidos, resulta claro que la grave situación que afecta a importantes sectores del trabajo sigue vigente no obstante los avances que se pudieron conquistar a través de la organización y la lucha. Y de seguro, la solución integral a esta situación, que no es nueva y tampoco atribuible sólo a este gobierno, será posible hallarla en tanto el campo popular, sumando esfuerzos y construyendo unidad, sea capaz de imponer un rumbo que apunte a profundizar cambios haciendo foco en modificaciones estructurales que recorten el poder a los grupos concentrados y haga efectiva una distribución concreta y material, no solamente reflejada en la versión del relato oficial o agitada en el discurso oportunista y apocalíptico de la oposición de derecha y sus aliados naturales o circunstanciales.

Nosotros compartimos las conclusiones de un reciente panel integrado por personalidades que forman parte del llamado Plan Fénix, donde cuatro expertos detallaron las condiciones del mercado laboral abordando un tema por demás interesante “Hacia el pleno empleo de calidad”. Allí se precisó que “muy pocos países en el mundo en tan pocos años han podido reducir tanto el desempleo y el subempleo”. Sin embargo, Julio Neffa, uno de los investigadores más prestigiosos del mercado del trabajo afirmó que los salarios reales en buena medida no se recuperaron respecto del 2001 y que la mejora en la distribución funcional en los últimos años se debió mayormente a las políticas sociales, señalando asimismo que el empleo en negro es una asignatura pendiente y que el mercado del trabajo -tal como en varias oportunidades lo hemos sostenido desde las páginas de Nuestra Propuesta- es discriminatorio con respecto a los jóvenes y las mujeres trabajadoras.

Todo esto no significa que no hayamos escalado a un piso superior, toda vez que los asalariados, cuyo peso hoy es del 76% con respecto al total de los ocupados (cifra nunca alcanzada), obtuvieron en 2002 el 34,3% del PIB y hoy ese porcentaje es netamente superior aunque sin alcanzar todavía la distribución lograda en años anteriores al golpe genocida cívico-militar.

Enfocado el tema desde cualquier ángulo, la conclusión es idéntica: para profundizar las medidas que aseguren el tránsito por una ruta de cambios favorables a los sectores trabajadores y con ello al país desligado del yugo imperialista e integrado al proceso latinoamericano, resulta imprescindible modificar la raíz genética del modelo neoliberal aún vigente. Y para eso, se necesita de una fuerza plural, amplia, de izquierda, antiimperialista asentada en el poder popular con los atributos necesarios para vencer cualquier resistencia que de seguro levantará, tanto la derecha nacional como la internacional.

Publicada el 14/07/2011
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