La matriz neoliberal sólo distribuye desigualdad - Artículos de Opinión

Feed RSS de la categoría

(Es necesario crecer con distribución equitativa, por Mario Alderete)

La famosa teoría del derrame de la riqueza, la cual se expandiría entre los sectores de trabajadores una vez que la copa de la acumulación estuviese llena, está al descubierto: es un miserable goteo y resulta como la “crónica de una trampa anunciada”. Reunión de la Corriente Nacional Agustín Tosco.

 

Sería necio no reconocer que las condiciones de vida y de trabajo han mejorado desde la crisis 2001-2002. Se crearon cerca de cuatro millones de puestos de trabajo -aunque no todos formales- y por lo tanto descendieron los niveles de desocupación y también la pobreza y la indigencia. Es valorable el incremento de la tasa de inclusión previsional para los adultos mayores que hoy alcanza al 92 por ciento (la mayor de toda América Latina) debido al otorgamiento de la jubilación a 5,4 millones de personas. Igualmente, no es un dato menor recordar la aplicación de la Asignación por Hijo a todos los menores de 18 años, el funcionamiento regular de paritarias que permiten actualizar convenios y el subsidio estatal a trabajadores que enfrentaron problemas de cierre de empresas en plena crisis del sistema capitalista. Fueron verdaderas conquistas logradas mediante años de lucha y no una concesión gratuita. Pero también es verdad que se obtuvieron durante el gobierno kirchnerista porque resultaban coincidentes con su proyecto de estímulo al consumo interno, de sustitución de importaciones merced a un dólar alto, de acumulación de reservas producto de los superavits fiscal y comercial y el aprovechamiento de un mercado internacional ávido de productos primarios (commodities), lo cual nos favorecía.


El país creció en años sucesivos a “tasas chinas” (8 o 9 por ciento anuales), pero ese crecimiento no fue simétrico con la distribución, por eso no se erradicó totalmente la pobreza ni se bajó a cero la desocupación. La alta tasa de ganancias de los grupos concentrados, tanto de la ciudad como del campo, se incrementó y se giraron al exterior multimillonarios fondos producto del esfuerzo de los trabajadores argentinos, en tanto la gran prensa que actúa en función de esos intereses, sólo se ocupó y se ocupa de denunciar casos de corrupción “interna”, los cuales, si existieran, igualmente son dignos de condena.


Lo que no se divulga es que la famosa teoría del derrame de la riqueza, la cual se expandiría entre los sectores de trabajadores una vez que la copa de la acumulación estuviese llena, está al descubierto, es un miserable goteo y resulta como la “crónica de una trampa anunciada”. Esta teoría en realidad es un arma que apuntó siempre a destruir conciencias siendo una de las preferidas del arsenal neoliberal y en nuestro país fue aplicada por las diversas expresiones derechistas y conservadoras que hegemonizaron al PJ, la UCR, la Alianza y el Partido Militar bajo la batuta del capitalismo internacional imperialista.


Todas esas fuerzas quieren volver al gobierno, algunas con otros nombres o misturadas en coaliciones o frentes electorales, para restaurar el neoliberalismo aun más salvaje que en las décadas del 90 y el 2000, por lo que resulta imperioso hacer simétrico el crecimiento con la distribución y para ello hay que profundizar las medidas que apunten a modificar de raíz la estructura económica atrasada y dependiente de nuestro país que favorece la desigualdad social y privilegia la concentración.


Hoy, la PEA (población económica activa) de nuestro país asciende a 16,6 millones de ciudadanos, según rezan los datos del Ministerio de Economía y del Indec. De ese total, 15.281.000 trabajan y 1.400.000 están desocupados.
Del total que trabaja, el 76 por ciento, es decir 11.600.000 son asalariados y el 24 por ciento restante, 3.680.000, son patrones, cuentapropistas, profesionales autónomos y monotributistas.


Del total de asalariados, 7,4 millones están en blanco y 4,2 millones en negro, vale decir, sin ningún tipo de cobertura ni posibilidad de sueldos de convenios, vacaciones, asistencia de salud y jubilación.


1,400.000 desocupados y 4.200.000 en negro o precarizados es una deuda interna pendiente y hay que luchar para que se pague.


Por otro lado, si bien es cierto que el salario promedio de los trabajadores formales (7,4 millones) después de los descuentos de obra social y jubilación, en estos últimos tres años pasó de $ 1.932 a $3.655, según lo dice el informe oficial, no es menos cierto que el resto (los informales) tiene una entrada inferior a lo que cuesta hoy atender los gastos de una familia tipo, los cuales rondan, según cálculos privados, cerca de $ 3.000. Otra deuda pendiente a saldar.


Aún subsiste la desigualdad de género y por edad: las mujeres y los jóvenes no sólo tienen un nivel mayor de desocupación, sino que sufren en mayor medida la informalidad. Y en cuanto al 82 por ciento para los jubilados, ya hemos dicho que partimos de que es un derecho adquirido y, en consecuencia, se debe concretar. Siguen las deudas.


Lo que es impropio y muchas veces causa repugnancia, es que estos temas se los quiera apropiar la derecha de todo pelaje, cuando en realidad tienen principal responsabilidad por la existencia de estas inequidades. Se montan en los problemas y los agitan no para darle solución sino con la intención de provocar desestabilización.


Pero a la vez, si el gobierno no opta por profundizar sus propuestas de manera que se puedan ir saldando estas deudas, estará socavando su propia base.


Y no estamos hablando de medidas tan radicales que puedan catalogarse de socialistas. No. Se trata de impulsar reformas que a la vez que ataquen a una matriz de distribución propiciadora de desigualdad, propia del neoliberalismo, desarrolle el mercado interno, la producción industrial, el fomento del crédito a la pequeña y mediana empresa de la ciudad y del campo, que el Estado intervenga en la comercialización de granos y carnes, que recupere las empresas y las reservas naturales entregadas, que modifique el régimen tributario gravando progresivamente al que más bienes posea, etcétera. Es decir, medidas capitalistas de cepa keynesiana, que hoy, debido a la profunda crisis que golpea a este sistema mundial de explotación y guerra, parecen revolucionarias.


Por eso igualmente, no se puede retrasar la conformación de un bloque social que presione para que el rumbo que tome el gobierno y el país sea en aquella dirección, satisfaciendo los reclamos más urgentes del pueblo y los trabajadores. Y en ese proceso de acumulación de fuerzas, ir construyendo un poder popular capaz de convertirse en la alternativa política a tono con lo que demanda hoy la época de cambios en nuestro continente latinoamericano.

Publicada el 13/10/2010
Imprimir Recomendar
Federación Sindical Mundial, América
ALBA - Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América
Encuentro Sindical Nuestra América
Portal realizado con herramientas de Software Libre bajo licencia GPL