Hora de distribuir la riqueza - Artículos de Opinión

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(El 82%, el veto presidencial y el debate de alternativa, por Darío Miguel Caporaletti)
El autor de la nota explica de dónde se obtendrían los recursos para hacer sustentable el sistema jubilatorio universal, solidario y móvil.

La ofensiva desatada por la derecha que encabezó el Grupo A en el Parlamento, integrado por el PRO, el Peronismo anti “K”, el radicalismo, la Coalición Cívica, con el apoyo matizado de fuerzas de centroizquierda como Proyecto Sur, el CEM, sectores del socialismo y algunas llamativas fuerzas del oficialismo, lograron el quorum necesario para votar con mayoría en ambas cámaras la sanción de la ley denominada del 82 por ciento móvil, sobre la fijación del salario vital, mínimo y móvil, dejando su correlato en toda la estructura jubilatoria, que también modifica sus montos por los fallos de la Suprema Corte, los fallos en el caso Badaro y otros.


Lo paradójico es que estas fuerzas de derecha y sus mezquinos intereses, que solo buscaban infringir un duro golpe al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, mediante una derrota parlamentaria con vistas a las elecciones de 2011, sin proponer de dónde provendrían los recursos financieros para semejante proyecto, son los que más daño hicieron al sistema jubilatorio en la década del 90 y de principios de 2000. Privatizaron el sistema de los aportes de los trabajadores (Menem-Cavallo) votado en el Congreso y eliminaron el aporte patronal. Lo que significó un duro golpe a los bolsillos de los jubilados con sumas fijas y sin movilidad, a su vez establecieron las administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones (afjp), siendo los aportes administrados por empresas privadas, que disponían libremente de esa acumulacioón e invertían en los mercados, cobrando comisiones por la administración, que terminaron en negocios espúreos, o que se llevaron el dinero al extranjero, por ejemplo la Bolsa de Nueva York, sin ningun tipo de control por parte de los trabajadores que aportaron durante más de diez años, produciéndose un vaciamiento del sistema, tanto de las afjp como del sistema de reparto.


Ya en 2001 De la Rúa y Cavallo quitan el trece por ciento de las jubilaciones, ahondando más las penurias de los jubilados y pensionados.
Reestatizadas las afjp por el gobierno de Cristina Fernández, ante las luchas de los jubilados, los gremios y otras fuerzas sociales y políticas, estos grupos de derecha votaron en contra del regreso de los fondos a la jubilación pública del Estado.


Hoy esta ley aprobada por la mayoría opositora en ambas cámaras lleva implícita la quiebra del Anses, que dejaría en el corto plazo sin sustentación al 82 por ciento.


Ante tamaña ofensiva desestabilizadora, a la Presidenta, sin dudar de adónde se dirigía esta ley que llamó de Quiebra, no le quedó otra acción que vetarla e impedir así el enorme costo social que traería a los sectores más vulnerables como son los jubilados.


También hay que decir que el gobierno hizo una reparación histórica con una enorme cantidad de hombres y mujeres que estaban fuera del sistema por no tener aportes suficientes o por tener que trabajar en negro, de manera precaria y temporal, y así fueron integradas al sistema de reparto 2.400.000 personas. Este acto integrador se hizo posible por el reclamo de las luchas de los sectores populares. Hoy los jubilados suman una cantidad de más de 6.200.000 personas y constituyen una fuerza social de la que nadie puede prescindir a la hora de la toma de decisiones en la política, y cada vez cobra más protagonismo.


En el mundo globalizado de hoy, con la crisis del sistema capitalista en los países más poderosos del mundo, EE.UU., Europa y Japón, en crisis sin precedentes y de difícil solución, vuelven a renacer en sus entrañas las mismas recetas que nos impusieron en la década del 90, aumentar la edad jubilatoria, reducir y congelar los salarios y las jubilaciones, reducir el gasto público, etcetera.


Estas recetas neoliberales que nos llevaron al estallido social en 2001 ahora las estan aplicando en Grecia, España, Portugal, Italia. Crece la desocupación, crece el hambre (España con veinte por ciento de desocupación y EE.UU. con diez por ciento). Y como siempre ocurre, es la clase obrera la que encabeza las luchas y el campo popular se alinea para defender los intereses del pueblo.


Hoy los países emergentes no tienen las crisis de los poderosos y son un ejemplo a seguir con políticas anticíclicas y populares. China, Brasil, India, América Latina, crecen y promueven el empleo, la educación, la salud con políticas de Estado.


Esta claro que nos debemos un debate profundo, de masas, sobre qué tipo de ley de jubilación queremos, para defender a uno de los sectores más castigados y vulnerables, que es la tercera edad, para que se puedan cubrir las necesidades básicas más elementales como la vivienda, la alimentación, la salud, el bienestar. Para ello hay que pensar en una ley de jubilación universal, solidaria y móvil.


Hoy, pese al avance de estos últimos años tenemos 8.200.000 trabajadores que aportan al sistema jubilatorio para una masa de 6.200.000 jubilados, tenemos un 1,7% de aportistas por cada jubilado.


Pese a este avance tenemos también un 35 por ciento de trabajadores en negro, precarizados, con lo que es necesario terminar porque están sometidos sin ningun derecho, sin obra social, vacaciones, aguinaldo, sin aportes previsionales (representan más de cuatro millones de personas sin contar el casi ocho por ciento de desocupados).


Por esto, es necesario proponer de dónde se obtendrían los recursos para hacer sustentable el “sistema jubilatorio universal, solidario y móvil”.

 

·Con la restauración del aporte patronal a partir de empresas con más de cuarenta trabajadores.


·Con el aporte de la renta financiera (grandes capitales), de la renta minera (gran minería), de la renta de los hidrocarburos, de la renta de la soja, de la renta de los juegos de azar.


Estas propuestas de recursos necesarios y únicos podrán mejorarse con el debate para una mejor previsión social.
La solución de este proyecto nos ubicaría más arriba en el sistema de igualdad en America Latina y sería un modelo a seguir, por su efecto mayor en el consumo y el bienestar. Daría mayor pujanza en el crecimiento de la economía y el empleo como parte de un proyecto popular sobre la base del trabajo, el empleo y una mayor distribución de la riqueza.

Publicada el 20/10/2010
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